Heinz Berggruen pagó 100 dólares en 1939 por su primer klee. Perspectiva fantasma, aquella pequeña acuarela de un pintor todavía no muy conocido, supuso el inicio de una pasión del entonces joven coleccionista alemán por Paul Klee. Sesenta y cinco años después de la compra, la Fundación Marcelino Botín de Santander ha reunido 50 obras que en algún momento pertenecieron a Berggruen y que recorren la trayectoria del artista suizo desde 1915 hasta 1940, año en el que murió en una clínica cercana a Locarno.
El paseo por la exposición Paul Klee. Colección Berggruen comienza y termina con dos panorámicas urbanas: Visión de ciudad en ascenso, de 1915, y Vistas de la ciudad de Cnossos, de 1940. Entre medias, cabe una gran variedad de estilos -desde el óleo sobre lienzo hasta tinta china sobre papel-, de colores -desde los tonos ocres hasta el Paisaje en verde- y de temáticas -desde las formas geométricas hasta un retrato de Adán y Eva-.
La exposición, que podrá ser visitada hasta el 24 de septiembre, reúne las obras que Berggruen coleccionó desde comienzos de los 40 y que décadas más tarde decidió donar al Centro Pompidou de París, al Metropolitan de Nueva York y al museo estatal de Berlín que lleva su nombre.
Las piezas han sido seleccionadas por su hijo menor, Olivier Berggruen, comisario de la muestra, quien la ha planteado como un recorrido cronológico por la obra de uno de los "grandes artistas del siglo XX" y, a su juicio, no tan conocido en España como en otros países europeos, donde sus cuadros se han exhibido con más frecuencia.
Klee nació en Suiza, estudió en Munich y viajó a Italia. En 1902, regresó a Berna, donde estudió tanto las obras del grupo El Jinete Azul como las de los cubistas. Tras el viaje a Túnez, comenzó a desarrollar su propio estilo de formas abstractas y representación simbólica. En 1920, fue invitado a dar clases en la Bauhaus, la innovadora escuela de arte de Weimar. Así empezó la década más prolífica de su carrera, en la que produjo acuarelas y dibujos de pequeño tamaño. Durante los últimos días de su vida, ya enfermo, pintó gouaches y dibujos que representan figuras imaginarias, fantasmagóricas o angélicas.
Desde la Fundación Botín esta exposición se plantea como un tributo al genial acuarelista y aguafuertista Paul Klee, pero también como un homenaje a la carrera de Heinz Berggruen, tan ligada al trabajo de Klee, y que, sin duda, ha contribuido al reconocimiento y popularidad que el artista tiene hoy en día. En torno a ella, la Fundación ha organizado «El arte es un juego», un programa didáctico para niños de 8 a 12 años, que tiene lugar en la propia sala.
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